Cali es Cali y lo demas es loma

Así nació Cali Pachanguero de Jairo Varela Transcurría el año 1.984 a eso de las 7:15 de la noche cuando el maestro le estaba dando los últimos retoques en la ciudad de Medellín a la canción más cantada de Colombia después de nuestro himno nacional, esta fue la antesala del famoso Cali Pachanguero. Para 1984 el Grupo Niche ya había grabado cuatro discos y había pegado éxitos como ‘Al Pasito’, o ‘Buenaventura y Caney’. Y ya había hecho sus primeras giras por Estados Unidos. Pero Rafael Mejía, gerente de Codiscos, le había puesto un ultimátum a Jairo: si este quinto álbum no lograba mejores ventas le pondría fin al contrato con la orquesta. Cuando terminó de grabarlo, Varela apeló a un viejo augurio del léxico taurino para bautizarlo: ‘No hay quinto malo’. Así que la carátula en blanco y negro, con la imagen de un toro que embiste, no fue un homenaje a la fiesta brava en Cañaveralejo como algunos creyeron, sino un simple guiño a la suerte, una forma de cruzar los dedos y creer a ojo cerrado que ahora sí. Pero lo que vino después no fue resultado de la suerte. El talento casi sobrenatural de Jairo Varela había quedado plasmado en los ocho cortes de aquel disco. Y seis de ellos se pegaron de forma sucesiva durante más de un año como grandes éxitos. ¿Cuál fue el secreto? El ‘veneno’ estaba en el primer corte del Lado B con el título de ‘Cali Pachanguero’. Lo cierto es que Cali Pachanguero debe su origen a otras seis ciudades. Porque su autor nació en Quibdó, creó al Grupo Niche en Bogotá, empezó a escribir la letra en Nueva York, terminó de componerla entre Barranquilla y Cartagena y la grabó en Medellín. A ritmo de timbal, piano y trompetas, ‘Cali Pachanguero’ le demostró al mundo que no hay fronteras que valgan para celebrar las raíces de la cultura popular caleña, esa que desde los años 80 se viste de color, orgullo y alegría para pregonar a los cuatro vientos que “Cali es Cali señoras, señores, lo demás es loma”. Es esa expresión musical, cargada de júbilo, gozo y nostalgia, la que identifica ese sentir caleño. Una canción, con la que el maestro Jairo Varela sin más pretensiones que la de hacerle un himno a su tierra, logró convertir en la más famosa de todos los tiempos.

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