Paz en su tumba

Fue uno de los pioneros en Colombia y su huella es indeleble dentro del balompié Nacional. Lo dicen todos, desde quienes jugaron bajo su mando de los años 50 al 72 con Millonarios, hasta los que se destacaron en las décadas del 80 y 90 con América de Cali. Difícilmente en el fútbol colombiano podría haber un técnico más estricto que el médico Gabriel Ochoa Uribe, fallecido este sábado en Cali, y con toda certeza, uno de los argumentos para haberse convertido hasta el momento en el más exitoso de la historia de nuestro balompié. Willington Ortiz, considerado uno de los jugadores más grandes -o tal vez el mejor-, que haya dado el país, reconoce que el ojo de Ochoa Uribe para ubicarlo junto a Alejandro Brand y tener dos volantes 10 en el cuadro albiazul, siendo ‘Willi’ el que se tiraba un poco a la derecha, fue una de las decisiones más inteligentes que le conoció. Y esa disciplina que implantó en los equipos que condujo (Millonarios, América y Santa Fe) lo llevó a encabezar 14 vueltas olímpicas, otra marca que permanece perenne. Vivió 90 años (nació en Sopetrán el 20 de noviembre de 1929), pasó su infancia y adolescencia en Medellín, pero Cali fue su casa durante 41 años. Lamentablemente, fue perdiendo un poco su brillante memoria, y por recomendación de su familia, no volvió a hacer parte de actividades en público y hablaba poco ante los medios, pero su hijo Germán Alberto, también galeno, hacía las veces de un excelente interlocutor.

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